En el entorno de la psicología, hay con conflicto continuo con referencia a cuánto de nuestra personalidad es heredado, y cuanto decidido. Es evidente que nuestra biología y el entorno relacional y experiencial influye en nuestra manera de pensar y comportarnos. Cual es el peso de cada parte, lo determinado y lo decidido, tiene mucho que ver con el terreno que le ganamos al subconsciente-inconsciente y por tanto que llevamos al consciente.

 

Ganar espacio, terreno en favor de nuestro nivel de consciencia logra que el espacio de toma de decisiones aumente, y por tanto que de aquello que hacemos en nuestra vida, haya más parte DECIDIDA que sobrevenida. Aumentar el nivel de consciencia es algo que se entrena, y que podemos hacer por nosotros mismos si tenemos una férrea fuerza de voluntad, pero lo recomendable es recibir apoyo para acelera el proceso.

 

Podemos decir que profesionales aceleradores de consciencia son los coaches, los mentores, los maestros meditadores, los psicólogos que siguen corrientes transformadoras, los profesores que en la experiencia de aprendizaje se centrar en la persona, etc. Todos ellos nos están ayudando a aumentar nuestro nivel de consciencia en alguna dimensión de nuestra vida. Este aumento de consciencia puede ser más rápido si hablamos de parcelas concretas, y más lento si queremos modificar cosas muy nucleares y profundas de nuestra persona o personalidad.

 

Una vez identificado en qué consiste el cambio y que podemos contar con apoyos para que ocurra, el siguiente reto está en tener identificado el PARA QUÉ. Por tanto, ahora que soy más consciente de la vida que tengo y a qué la estoy dedicando, si decido que quiero intervenir en ella y centrarla en algo concreto o diferente, ¿qué es ese algo? Es aquí cuando llega el momento de plantearse a qué decir SÍ y a que decir NO en nuestro día a día. Es aquí cuando decidimos si nos va bien ser espectadores o queremos ser protagonistas de nuestro paso por el mundo. Y para ser protagonista, conductor, decisor de la propia vida, hay que establecer cual queremos que sea nuestra aportación al mundo o, si resulta más cercano, a nuestro “pequeño” mundo, a ese sobre el que tenemos influencia. Esa clave nos la da el propósito, el para qué de existir, la aportación a aquellos que nos rodean que les hace la vida un poco mejor, un poco más feliz, un poco más disfrutable. Como ya habréis oído afirmar a algún autor, lo suyo sería aportar a cada persona con la que hoy tenga contacto para un “algo” que sume al otro en lo que esté queriendo lograr con su vida.

 

Para hablar de esto de un modo más concreto, comparto con vosotros cual es el mi propósito: “Ayudar a personas y colectivos a identificar y desarrollar el propósito/sentido de su existencia”. Esta es mi directriz personal y profesional. Una vez identificada o elegida, aporta gran cantidad de posibilidades. Nos permite elegir sobre qué queremos estudiar, a qué queremos estar atentos, qué habilidades son las más importantes para hacerlo bien, con qué otras personas queremos estar en contacto y hacer red, y en momentos de dificultad dónde apoyarnos para sostenernos.

 

Bajo mi criterio y por tanto manifestando mi humildad como alguien que opina y por tanto no habla desde la certeza, si no tienes un propósito tienes una carencia importante de identidad. Imaginad en una tormenta un barco que no tenga timón, dónde y cómo termina. Los entornos que vivimos -el COVID 19 es el ejemplo más próximo- hacen que los acontecimientos y la información nos inunden. Las antes tormentas ahora son tempestades, y vamos a ciclones, huracanes y tsunamis. En un entorno así la potencia del motor y la solidez del timón son esenciales para llegar al destino deseado.

 

¿Te animas a salir del gris y darle color e identidad a tu alma? ¿Te animas a identificar y desarrollar tu propósito?